Javi laSenda

Baúl

Yo era pequeñito de baúl, te habría cabido en el bolsillo. De vértigo rápido, de vertiginio que probablemente no exista, de en ningún sitio y para qué, pero adelante.

Quizá no me creas, pero ya no quepo en ningún bolsillo. Aún de vertiginio, pero nada de pequeño.

Le veo -si abro los ojos- cierta tristeza a los sitios cerrados; hay un caer en los a cal y canto, un resquebrajo que no se acaba de definir quebrado, ni entero.

No cabría ahora en un bidón de cien galones, tan rebosante estoy. Sí, quizá un buenos días se pierde, entre miles, víctima de la mecanicidad. Aquí discuten en inglés, you know what I'm not going to y se levanta y casi se va, pero alto como un ciprés se sienta de nuevo, envuelto en ropas harapientas.

Pero despierto inflado, y me inflo por segundos: un poco al sentir su respiración golpear mi cuello, que se queda caliente y adormilado. Otro tanto al comprobar cómo su pie sigue entrelazado con el mío, como si a falta de poder meternos en el otro, nos enroscásemos. Qué gatos. Y así voy, como si me tuviesen una bomba de aire enganchada al corazón, inflándome: y después sus ojos, al rato una sonrisa, un rugido. Hasta que por fin abre los ojos y con el cuerpo hecho un ocho se estira, como si fuese un animal. Para entonces ya no quepo en bolsillos, ya no me pueden meter en maletas de mano, ni en arcones, cajas por grandes que sean o contenedores. Mi sombra se proyecta más allá de mi cuerpo, me adelanta incluso.

Nunca le había sentido el peso al destino. Qué cosa tan extraña, tan indescriptible y etérea. Tanto adjetivo. Se vuelve a levantar en un británico indefinido, sale hasta pisar la acera, enciende el cigarro y vuelve a la mesa, donde todo son no because you wouldn't say thanks y todas las otras cosas que there you go. Y al final, desde el principio, no me queda duda de que somos todo tipo de animales, pero sobre todo caracoles quizás, llevando la casa donde esté el otro. Y no sé de divergencias, bisectrices, pausas, parones, de pit stop. No sé porque no me importa; puede que no sea que no me importe, no, eso no. Creo que es el peso del destino, que no me pesa sino en muy pocos y contados momentos, y que es un peso dulce, que agarro de buena gana. Creo que es eso lo que me permite estar tan lleno, que no es aire sino -no es sustantivable- el sentirme en el sitio correcto, como lo está el correcaminos en la marca en el suelo, a punto de caerle el yunque. A mi no me cae sino el amor. Y no hay nada en el mundo como ser amado, amar, y sentir en la piel, aunque a veces la piel se nuble y quede dormida, que podrías volar de la mano de la otra persona si los dos os lo propusiéseis.

Saldré en sandalias a la luna, porque you know what I'm saying y es su tercera cerveza, aunque ya venía bebido, y ella se queda con el agua con gas, y relincha cuando él va al baño, como una yegua de Norfolk.

Yo, baúl de humo, como cuando levantas la campana de un plato elaborado a tal efecto. Apenas tengo donde escribir, apenas que no sea en cualquier sitio y veo a Raúl dar folios a su editora, y ya no quiero escribir ahí porque bueno, acabaré en Macondo con Norfolk y sin recordar nada, que la cabeza es caprichosa y las referencias siempre las mismas, porque cien años son tantos que ni los puedo contar en prosa, ni los puedo poner en verso, y al final salió: fuckin Tinda, y entonces entiendo el relinche, que tiene que ver, no por nada, pero con la vida moderna.

Notas

Siempre es un ejercicio interesante releer lo que uno ha escrito. Uno que yo nunca he llevado a cabo nunca - dice mi terapeuta que utilizo términos absolutos con mucha frecuencia; desde que soy consciente los disfruto más, hasta el punto de duplicarlos incluso cuando hacen que una frase no tenga sentido. Pero es cierto que siempre he escrito y he soltado el papel / guardado el documento, no he sido de revisar, hasta el punto de haber presentado propuestas a concursos sin leer los ingredientes de la propuesta.

Este <<proyecto>> me obliga a leerme de nuevo, y es curioso cómo, quizá con algo de trabajo por medio, una persona se puede identificar con todo tipo de cosas, unas vivas, otras muertas, a saber: heridas, miedos, orgullos, momentos, etapas, instantes.

Reconocerse en el tiempo y a través de él es un abismo, y de esos escribí unos cuantos.