Las bailarinas de la Gran Via
Septiembre 2014
Hoy los árboles de la Gran Vía
parecían bailarinas sostenidas por el sol
con la madera casi en instrumento
y todo el resto queriendo partirse en dos
para así tener una mitad certera
a la que ser en ausencia soledad.
Yo a veces me acuerdo
de cuando era cuerda de viola
y me sorprendo aullando ante los dedos
de madrugadas insomnes
que me dicen baila,
¡baila tangos y sé en ausencia soledad!
y vuelve cuando creas que vas a morir,
y silencio te llamaré entonces.
Hoy, desde la Isabel que contempla
la Puerta Real
hasta las puertas del cementerio
que tan andaluza guardaba Elvira,
los niños se derraman en el asfalto
sin saber si son,
y las niñas se derraman en el asfalto
sin saber si serán.
Todos los pianos suenan a renacer,
a inventar nuevos mundos,
a epístola, pergamino y tarantela,
a grietas en la tierra.
A aceituneros de Jaén.
Yo hoy he salido a los maizales,
a verlos crecer,
y me he notado en los ojos lluvia,
y en las manos el rostro dolorido
de quien no tiene qué perder.
Yo hoy he salido a los portales
a ver a los que en las noches
se pelan de frío
y en los días
se cortan de soledad
y a los que nadie mira y madre mía,
qué tristeza, e impotencia
ver que cada día son más.
Al final vuelvo a pasar por la Gran Vía
y parece que las bailarinas
ya se han cansado de bailar.